El cálculo del arrepentimiento
Elena había dedicado treinta años a las matemáticas, pero aquella carta inesperada la obligó a mirar hacia atrás con otros ojos.
El remitente era un antiguo alumno que ahora dirigía un prestigioso laboratorio de inteligencia artificial.
En el papel, con una letra apretada y llena de correcciones, él le agradecía una lección que ella ni siquiera recordaba haber dado.
La firma al final del mensaje era clara, y ese nombre le produjo un escalofrío inmediato.
«Nunca supe por qué decidió cambiar mi nota aquel semestre», escribía el alumno en el último párrafo.